sábado, 12 de junio de 2021

Hacia el suspirado puerto

“Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante.” Hebreos 12,1

Un autor anónimo escribió cierta vez este poema: “Como la gota que la peña horada, / cayendo levemente noche y día, / así consigue ver con alegría / la paciencia, su obra terminada. Nadie le estorba ni arrebata nada, / al perseguir su objeto con porfía; / prosigue su labor, y en Dios confía / hasta llegar al fin de la jornada. Con gotas de agua formáronse los mares / con menudas arenas, el desierto, / con minutos, períodos seculares. Con la paciencia y derrotero cierto, / el peregrino llega a sus hogares / y el navegante al suspirado puerto.” En el camino por el desierto de nuestras vidas. En el desandar los pasos tras el testimonio y el compromiso fecundo a favor del Reino. En el involucrarnos cada día en la proclamación de la Palabra. En toda tarea que la comunidad de fe emprende o realiza. Cada vez, toda vez, suelen surgir problemas y dificultades. Por eso, como creyentes en el Señor Jesucristo, debemos cultivar la paciencia para así poder dejar “a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda” y correr “con fortaleza la carrera que tenemos por delante”. A pesar de los inconvenientes y sinsabores que puedan surgir en la prosecución del Reino, debemos confiar plenamente que es Él quien, a través de su Santo Espíritu, fructificará la obra. De nosotros y nosotras depende ponernos en marcha hacia el “suspirado puerto”

sábado, 5 de junio de 2021

El valor de las pequeñas cosas

“Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida.” Proverbios 4,23

Un pensamiento puede transformar nuestro entorno, cambiar el curso de los acontecimientos. Un pensamiento, por pequeño que sea, puede cambiar nuestras actitudes y la de otros. Podemos pensar el bien o el mal, y ambos, sabemos, tendrán consecuencias que se verán expresadas en nuestros actos. Por un pensamiento que emana de nuestra mente podemos crear y también destruir. Se cuenta que “el gran artista Miguel Ángel tardó mucho tiempo en dar los últimos toques a una de sus obras más famosas. Cierto amigo que lo visitaba casi todos los días le preguntaba siempre: ¿Qué has hecho hoy? A lo cual el maestro contestaba: Hoy he perfeccionado ese detalle en la mano, he mejorado la sombra en aquella arruga, he arreglado la luz en aquella parte del vestido, etcétera. Pero esas son pequeñeces, dijo un día el visitante. Ciertamente, contestó Miguel Ángel; pero la perfección se hace de pequeñeces; y la perfección no es ninguna pequeñez.” Todo el pensamiento del artista estaba puesto en esos pequeños detalles que, sabía, tendrían un valor incalculable en la obra una vez que esta estuviera finalizada. Así también cada uno de los pensamientos que emanan de nuestra mente, por pequeños que sean, obraran como consecuencia en la perfección de la tarea. En la consecución del Reino, cada gesto, cada palabra, cada acto donde podamos hacerlo presente, por pequeño que sea, hará posible allanarle el camino. Allí donde, al igual que el artista, estemos atentos a perfeccionar los pequeños detalles, a cuidar nuestra mente para que de ella manen pensamientos positivos, allí se hará presente Cristo, fuente de vida. 

sábado, 29 de mayo de 2021

El instrumento del perdón

“Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón. Este perdón se alcanza por la fe. Así quería Dios mostrar cómo nos hace justos: perdonando los pecados que habíamos cometido antes…” Romanos 3,25

Se cuenta que “un hombre muy rico había prestado en vida mucho dinero a varias personas. Siendo que era muy considerado, trataba con cariño a todos sus deudores y cuando se daba cuenta de que era imposible que le pagaran, ponía debajo de la cuenta su firma junto con la palabra: Perdonado. Después de su muerte, su esposa se dio cuenta que era mucho el dinero que amparaban las notas perdonadas y se dio a la tarea de cobrarlas. Tuvo que iniciar juicios legales hasta que el juez, al examinar uno de estos casos le preguntó: Señora, ¿es esta la firma de su esposo? Sí, contestó ella. De eso no hay duda. Entonces, dijo el Juez, no nada hay que obligue a estas personas a pagar cuando su esposo ha escrito la palabra perdonado.” Ciertamente nuestro buen Dios ha librado un cheque en blanco a favor de nuestras vidas. Cualquiera sea la suma o cantidad de nuestra deuda, Él, en su inmenso amor y misericordia, la ha saldado en la cruz de su Hijo Jesucristo. En la Biblia, palabra de Dios, leemos: “Así pues, ahora ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús…” (Romanos 8,1). Si este es nuestro sentir y pensar, entonces, sabemos que al pie de nuestras cuentas, y, junto a su firma, está escrita la palabra: Perdonado. Como dice el apóstol Pablo: “Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón.”

sábado, 22 de mayo de 2021

Señor, tu promesa está cumplida

“En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Era un hombre justo y piadoso... El Espíritu Santo estaba con Simeón, y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías... Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo; y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron también a él, para cumplir con lo que la ley ordenaba, Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo: Ahora, Señor, tu promesa está cumplida: puedes dejar que tu siervo muera en paz. Porque ya he visto la salvación que has comenzado a realizar a la vista de todos los pueblos…” 

Lucas 2,35-32

“En un culto de oración el predicador dio el siguiente testimonio: Volábamos en un aeroplano de la ciudad de Denver, Estado de Colorado, a la de Chicago, Estado de Illinois. Por radio se le dijo al piloto que al llegar a esta ciudad no podría aterrizar porque había muchas nubes y las condiciones atmosféricas en general no eran favorables. Cuando llegamos sobre Chicago no veíamos nada, sino únicamente nubes blancas, y permanecimos media hora volando en círculos sobre la ciudad: Repentinamente el aeroplano descendió en línea recta y aterrizamos con precisión en la pista que nos correspondía. La constante comunicación entre el operador de radio del aeropuerto y el piloto, por ese medio que no veíamos ni entendíamos, hizo que pudiéramos descender en el momento y en el lugar más conveniente. Esto puede ilustrar cómo Dios se comunica con el hombre por medio del Espíritu Santo, y también puede ilustrar que podemos tener éxito en nuestra vida espiritual si obedecemos a Dios y al Espíritu Santo, como Simeón los obedeció.” 

sábado, 15 de mayo de 2021

Un vaso de leche

“Todos los que tengan sed, vengan a beber agua; los que no tengan dinero, vengan, consigan trigo de balde y coman; consigan vino y leche sin pagar nada. Vengan a mí y pongan atención, escúchenme y vivirán.” Isaías 55,1.3a

Duke K. McCall, pastor bautista estadounidense, relató cierta vez: “En la península de Corea la vida era extremadamente difícil; tanto así que en una familia un vaso de leche tenía que ser compartido por todos los niños que hubiera en ella, y eso era considerado como un lujo en la alimentación. Cada niño estaba acostumbrado a la escasez de leche, y ya sabía qué tanto debía beber cuando la tenían. Durante la guerra que hubo allí, muchos niños se extraviaron, y se dio el siguiente caso: Una enfermera de la Cruz Roja encontró a uno de esos niños, y al verlo perdido lo recogió, y dándose cuenta de que estaba hambriento, le dio un vaso de leche. El niño ansiosamente comenzó a beber; de repente dejó de hacerlo, y preguntó a la enfermera cuántos traguitos podía beber. La enfermera, conmovida y con lágrimas en los ojos, le dijo: Toda es para ti; bébela toda.” En medio del desierto de la vida, entre los cruces de caminos y la distancia. Allí donde las dificultades se hacen presentes y la sed abraza. Cuando los problemas se hacen presentes y la angustia nos supera. Cuando están hechas las preguntas y no hay cabida para las respuestas, solo el silencio. Allí la Palabra, allí la respuesta, allí el agua. Agua que sacia y satisface toda sed. Agua que limpia y purifica, agua que vivifica. Agua toda para mí, agua toda para ti. Aquí y ahora. 

viernes, 7 de mayo de 2021

¿Cumplimos los Mandamientos?

“Dios habló, y dijo todas estas palabras: Yo soy el Señor tu Dios… No tengas otros dioses aparte de mí. No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios, pues él no dejará sin castigo al que use mal su nombre. Acuérdate del sábado, para consagrarlo al Señor. Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios. No mates. No cometas adulterio. No robes. No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo. No codicies la casa de tu prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.” Éxodo 20, 1-4.7-8.12-17

“El editor de un periódico semanal necesitaba material para llenar una de sus columnas y, como no tenía otro por el momento, mandó que sin comentario alguno insertaran el Decálogo. Tres días después el editor recibió una carta de uno de los lectores de dicho semanario, y en ella decía: Favor de cancelar mi suscripción porque su editorial es demasiado personal en contra mía.” Todos conocemos los diez mandamientos. Quizás desde nuestra más tierna infancia forman parte de la memoria colectiva. Pero, he aquí la pregunta: ¿Los cumplimos? Pareciera que los mandamientos le hablan al otro, cuando en realidad me hablan a mí; a cada uno y cada una en particular. Cumplirlos, entonces, deben ser parte importante en nuestras vidas de fe de cada día. 

viernes, 30 de abril de 2021

Tomar conciencia de las consecuencias

“Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron.” Romanos 5,12

“Cierto día del mes de abril de 1947 en la ciudad de Texas, Estados Unidos de Norte América, ocurrió una violenta explosión, la cual fue considerada como la más grande producida hasta el momento, aparte de las explosiones atómicas que dieron fin a la Segunda Guerra Mundial. Tres barcos que contenían explosivos volaron por los aires, y la población de Texas fue inundada con flameantes desechos que destruyeron casi instantáneamente una fábrica de productos químicos valuada en diecinueve millones de dólares y produjo a su vez cientos de incendios. Hubo 551 muertos, 3.000 heridos graves, y una pérdida de cincuenta millones de dólares por los daños producidos en los edificios. Todos estos perjuicios fueron causados por la desobediencia de un estibador que, violando la prohibición expresa de fumar, fumó, y arrojó la colilla de su cigarrillo sobre alguna cosa inflamable; entonces se produjo un pequeño incendio que se comunicó a los depósitos de municiones, y después vino lo peor... la catástrofe. Todo, por la desobediencia de un solo hombre.” Muchas veces no tomamos plena conciencia que un pequeño acto puede ocasionar en nuestro entorno consecuencias irreversibles. Suele ocurrir que aquello que hacemos no sea hecho adrede o a propósito. Sin embargo, deberíamos prestar especial atención y cuidado a nuestras acciones. Tanto nuestros gestos como nuestras palabras pueden causar un daño que cause tanto dolor que sea imposible de remediar. Que podamos reflexionar precisamente en todo aquello que hacemos para así poder conocer sus consecuencias para con otros.