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Día y hora de inicio: 10 de Febrero, 18 hs.
Ése es nuestro deseo
Para todas las que me pidieron la receta, ¡aquí va!
La sensación fué que los papeles quedaron chicos para poder expresar todo lo vivido, tanto en lo personal como así también en nuestra vida comunitaria, en nuestra congregación...
En lo personal puedo decir que fue un año de muchos cambios, en dónde pude compartir junto a la gente del sur la realidad que les toca vivir; y sin duda fueron muchísimas las cosas que aprendí a lo largo de estos meses, acompañada por Estela y su familia que pasaron a ser mi familia y me abrieron las puertas de su casa para ser una más...
Había una mujer muy extraña pero muy guapa que tenía unos largos cabellos de oro tan finos como el oro hilado. Era joven y huérfana de padre y madre, vivía sola en el bosque y tejía en un telar hecho con negras ramas de nogal. El bárbaro hijo del carbonero trató de obligarla a que se casara con él y, en un intento de quitárselo de encima, ella le regaló unos cuantos cabellos de oro. Pero él no sabía ni le importaba saber que el oro que ella le había dado no tenía valor monetario sino espiritual, por lo que, cuando intentó vender los cabellos en el mercado, la gente se burló de él y lo tomó por loco. Enfurecido, regresó de noche a la casita de la mujer y con sus propias manos la mató y enterró su cuerpo a la orilla del río. Durante mucho tiempo nadie se percató de su ausencia. Nadie se interesó ni por su casa ni por su salud. Pero, en su tumba, la melena de oro de la mujer iba creciendo. Los hermosos cabellos se ondulaban en espirales que subían a través de la negra tierra y se enroscaban alzándose cada vez más hasta que su tumba quedó cubierta por un campo de ondulantes cañas doradas.
Valeria es una de las promotoras y fuertes colaboradoras para que este retiro se haga realidad. ¡Gracias, Valeria! Es una alegría y un privilegio que seas una de las "amigas del Retiro"!
Lo que pasa es que en la noche del sábado, después del devocional, hubo sesión de masajes a cargo de Cristina y Linda. Para aprovechar la energía de las piedras, las habían calentado en el fogón... ¡pero demasiado!!! Por lo que ahí quedaron.
Y bueno... las chicas también tenían derecho a deleitarse la vista... ¿o no?
Miren el pañuelo…
Imagínense que son agua. El agua que fluye, se amolda a cualquier recipiente y, sobre todas las cosas, puede horadar la piedra. Esa agua que todo lo inunda y que no opone resistencia, sólo se amolda, pero mantiene su intimidad de agua, aunque sea en una sola gota. Ella pertenece al océano, aquel que guarda toda la fuerza y la majestuosidad, abarcando lo inconmensurable. Es el agua la que alimenta el suelo y se evapora en sutiles nubes de blanca pureza que luego bañan la tierra, fertilizándola, a través de la lluvia.
Imagínense que son la luna. Ese astro refleja la luz del sol pero mantiene su oscuridad, su misterio, su fuerza de atracción hacia la Tierra y su influencia sobre los elementos, las emociones y la personalidad. Esa característica netamente femenina de misterio y atracción es la que brilla en la oscuridad de la noche, iluminando el camino. Es la que se enciende dentro de ustedes con todas sus fases: creciente, llena, menguante y nueva. Déjense bañar por su brillo permitiendo que ilumine la oscuridad de sus almas llenándolas de vida y dándoles a las sombras de sus mentes la posibilidad de llegar a la luz que lleve claridad a sus pensamientos.
Imagínense un cántaro y ubíquense en su interior. Ese interior que cobija, guarda e incluye es la naturaleza femenina de contener un ser, de aceptar en su interior y proteger. Encuentren en su propia interioridad ese cántaro que guarda todo el contenido de la vida misma protegiéndola y permitiendo su estancia, para luego vaciarse en busca de un nuevo contenido que cobija al amor. Dejen que ese cántaro se llene de su espíritu creativo, de sus seres radiantes y la capacidad de contener, proteger, abarcar y resguardar sus almas en el momento en que necesiten cobijo, tal como nuestros ancestros enterraban a sus muertos en una vasija de barro para luego poder renacer de ese vientre en un nuevo ser. Encuentren en la vasija contenedora, esa posibilidad de protección y cobijo y llévenla a sus corazones para que siempre puedan disponer de ese espacio de silencio y calma para sus mentes.
Veníamos cargados, porque en esos días no sólo pensábamos alimentar nuestros espíritus, sino también nuestros cuerpos. El baúl del auto de la congregación estaba "hasta la manija": traíamos ollas, sartenes, bols, toda la artillería de cocina, pero también panes, bollitos, tortas de levadura y materia prima de todo tipo para que las participantes pudieran nutrirse como Dios manda.
Riné nos había prometido panqueques, pero estratégicamente, al saber que éramos 30 mujeres, se olvidó el bolso en la casa con la panquequera, la masa lista y demás (todavía no sabemos cómo quedó eso hasta su regreso a Tres Arroyos). Pero enseguida le solucionamos el inconveniente: pusimos a su disposición: dos sartenes, harina, leche, aceite, sólo tuvo que conseguir los huevos, ya que Valeria, nuestra proveedora de porductos frescos, no había llegado todavía.
A las 20 hs. fueron las palabras de bienvenida a lo que siguió la cena: tartas de todo tipo, y de postre fruta y panqueques con dulce de leche.
Todas estaban algo cansadas y evidentemente hambrientas. Una vez que se llenaron las pancitas, los ojos se cerraban...
...por eso tuvimos nuestro primer devocional, en donde reflexionamos acerca de la mujer como la seda: suave y fuerte a la vez, mientras que la música suave nos acompañaba, nos imaginábamos se seda... las velas y el incienso nos transportó...
... la música y la respiración profunda y conciente nos llenó de paz...
... y nos fuimos a descansar...
Hoy éramos agua que se amolda a cualquier recipiente pero nunca deja de ser ella misma: agua, ésa que rompe en el mar, a través de las olas, llega suave a la orilla, suave, pero capaz de horadar la piedra...
Después de un despertar junto a la naturaleza y a Dios, no quedaba otra desayunar.
Después del desayuno no quedó otra que ponerse a trabajar. Cristina estaba ansiosa de "torturar" a las chicas, por lo que las llamó con un sapucay cuerno hebreo para convocarlas.
Todas particparon con mucho ánimo...
... pero cuando dijo: "que pasen al frente todas las que saben hablar"... corrieron todas a sentarse... lo curioso es que hasta ese momento, Cristina tenía que forzar su voz porque no había manera de hacerlas callar... ¡y después dicen que no saben hablar!!!
Después se hizo el primer plenario, con conclusiones muy interesantes. ¡Es que el tema lo era! No todos los días se habla de las mentiras y los engaños.
Las chicas escuchaban atentas y opinaban libremente. El clima ya estaba: se había logrado confianza, intimidad y comunión.
Después escuchamos un cuento sobre una mujer de cabellos largos y rizados, que vivía sola en el bosque. Un hombre la pretendía y como ella no le correspondió, decidió matarla y enterrarla, pensando así que nadie se enteraría del hecho.
Después cada una de las participantes habló de la foto que había llevado, escribió algún secreto o mentira de su vida o simplemente lo contó. Esa actividad se aprovechó para hacerla afuera
En una rueda, todas escucharon sus historias, algunas emotivas...
... y otras muy divertidas, como la que compartió María Esther, quien había nacido de una lechuga...
Las historias fueron muchas, algunas con cargas muy pesadas... pero todas, al sacarlas a la luz, significaron una liberación
... y la emoción y el compartir se hizo presente a través de los abrazos y lágrimas, de la manifestación física, tan necesaria para poder crecer y sanar...
No hay nada que simbolice más la liberación y la purificción, por eso Cristina organizó esta fogata para terminar y superar el dolor de las mentiras ocultas por tanto tiempo
... el incienso, como el aroma de Dios perfumó la fogata...
Pero no se vive sólo del alimento espiritual, por lo que después de tantas emociones, sentíamos un vacío interior que sólo una buena comida podía llenar:
... y carne con cebolla y condimentos varios
El sol estaba hermoso, brillaba con intensidad y las nubes nos refrescaban un poquito para que la caminata no fuera tan brava.
A paso tranquilo nos fiumos acercando a la playa.
Las escaleras había que bajarlas con cuidado...
Había gente disfrutando del mar y la arena...
El mar estaba sereno. Era el momento de marea baja.
Las olas acariciaban la arena
... de pronto...
Una foto de las caminantes: ¡miren qué lindas!
Después de quemar tantas calorías, era necesario reponerlas, por eso las chicas se sentaron a tomar un heladito.
... y no sólo las chicas disfrutaron de los helados.
Una última mirada al mar... y nos volvimos al campamento
A la vuelta, Walter nos esperaba con la merienda: café y tés de todo tipo y tortas variadas de levadura y masitas de avena.
Pero... no todo es comer... por eso, me aparecí con la bandera
... pinturas y pinceles...
... y mujeres expresando sus impresiones y sentimientos a través del arte de la plástica.
Las manos se enredaban por el entusiasmo
Eli se dibujó a sí misma mirándose al espejo
Aidé, también, con dedicación se dibujó con sus trenzas
Benjamín y Jonás también colaboraron en la obra de arte
Ana representó su aventura con la marea, y cómo un bañero las salvó de que se las llevara el mar. Gracias a Dios sólo fue un susto. Lo tituló: "Mujeres en riesgo".
Rosana al querer dibujar una mano, le salió un pie, claro, el subconsciente le jugó una mala pasada, porque salió a la luz que ella se animó a patear el tablero y a vivir.
No podía faltar la cara de lechuga de María Esther...
Después de finalizar nuestra obra de arte y símbolo del Retiro, tuvimos nuestro momento para el canto comunitario.
Las chicas de Tres Arroyos se destacaron por su potencia... aunque le molestó a nuestro vecino que subió el volumen de la radio... pero nosotras seguimos cantando, igual que la cigarra en pleno verano.
Mientras cantábamos, Walter prepaba el fuego para nuestro próximo plan
¡Pan de palo!!!
Las chicas de San Nicolás no se privaron de nada. ¡Miren a Marta comiendo elegantemente su pan de palo con salchicha!
Pero no fue la única que disfrutó el manjar: aquí están Ester, Elsa y Enriqueta...
Después de la cena nos esperaba la noche cultural, y el público estaba espectante...
... no volaba ni una mosca...
El show de Susana Giménez fue quien debutó con la visita de la abuela (medio zarpada) y Frankenstein (que anunciaba un cambio de rubro en la actuación)
En segundo lugar, las chicas de San Nicolás y la entrerriana dramatizaron la experiencia vivida en su paseo por la tarde y un helado frustrado
Después la noche siguió con un juego por parte de Bahía Blanca, las tresarroyenses nos deleitaron con diferentes cantos, un cuento de Riné y una poesía, de la mano de Enriqueta, pero sin duda la estrella de la noche fue Rosa, que no se achicó cada vez que le dijimos ¡otra! ¡otra!
Dicen que a noches alegres le siguen las mañanas tristes, y en el retiro este dicho se reafirmó. El domingo de mañana sólo la mitad de las mujeres estaban presentes a la hora del devocional... y bueno... ya se sentía el cansancio en los cuerpos...
Después del desayuno, y aunque los cuerpos ya no eran los mismos, se podía ver el agotamiento después de tantas actividades y emociones, Cristina nos invitó a trabajar en la segunda parte del taller.
Se dieron las consignas y ¡a trabajar! Este grupo parece que se estuviera exprimiendo el cerebro ¿no?
Este otro grupo está un poco más relajado...
Mientras que las chicas se quemaban las neuronas, con Cristina aprovechamos a chusmear... ¡lástima que nos pescaron!
Se hizo el segundo plenario en donde de alguna manera Cristina intentó hacer un cierre, pero medio abierto (la idea es que todo lo que trabajaron las mujeres siga "macerando" en sus cabezas).
Llegó el momento de la evaluación, que comenzó con la explicación de los dibujos de la bandera del retiro, elaborados por las chicas, en donde expresaron sus emociones, sus impresiones, sus aventuras...
Este año queda expuesto en la comunidad de Patagones...
Fue largo y distendido, porque ya no teníamos nada más por delante.
El retiro estaba llegando a su fin, y comezaba el momento de separarse, de la despedida... y eso siempre cuesta, cuando se la pasa bien.
Linda cargó el auto y a las chicas de Bahía y salieron rumbo a sus casas.
Y de igual manera, todas las participantes juntaron sus cositas y rumbearon a sus respectivos pagos enriquecidas por todo lo vivido durante un fin de semana inolvidable.
Las chicas de Tres Arroyos:
Ester, la entrerriana de Lucas González:
Las chicas de Bahía Blanca:
Las chicas de San Nicolás, que vinieron con Cristina:
Carmen, la "porteña" de Belgrano:
Las chicas de Allen, Elsa se había ido a la hora de fotografiar, pero la "pegamos":
Muchas gracias a todas por haberse animado a atravesar Kilómetros para vivir esta experiencia de enriquecimiento espiritual que desde el año pasado estamos organizando.