domingo, 29 de diciembre de 2019

Último domingo del año 2019

“Esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta…” 
Mateo 2,15


Una Navidad más ha pasado y pareciera haberse ido de nosotros ese espíritu navideño que se hizo carne en nuestras vidas estos últimos días.  Mañana mismo quizás habremos de volver a nuestra realidad de vida de todos los días y seguramente que nuestros pensamientos estarán nuevamente llenos de pesar, de incertidumbre, de preocupación.  Es como si se nos hubiese permitido un fugaz instante de felicidad, para que la realidad venga a golpearnos ahora con mayor fuerza. En esta realidad que vivimos todos los días, cada uno bien puede hacer su propia lista de aflicciones y preocupaciones que nos esperan a partir de mañana.  Realidad que nos esclaviza y no nos permite vivir la vida plena que Dios en su amor y misericordia tiene preparada para nosotras. También el pueblo de Israel, ansiaba con fervor el cumplimiento de la promesa de alguien que vendría y lo libraría de todas y cada una de estas dolencias.  Ansiaban la liberación del cautiverio, la esclavitud y la miseria, a la vez que, esperaban a quien les traería salvación, felicidad, paz, dignidad a sus vidas.  Es en medio de esta expectativa, que el testimonio de los Evangelios se levanta al unísono para proclamar al pueblo todo, que Jesús de Nazaret es ese Mesías que viene a cumplir la promesa de Dios.  Esta es la buena noticia que también en tiempo debiera proclamarse: Jesús el Cristo es el Hijo de Dios anunciado por los profetas.  Y es este Jesús quien en este día viene a invitarnos a recibir el Reino del cual Él es el anticipo. Aquí. Ahora. 

Celebración en Bahía Blanca





sábado, 21 de diciembre de 2019

4to Domingo de Adviento

“Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor.” Lucas 2,11


¿Qué celebramos en Navidad?, ¡que nos es nacido el Mesías, el Señor!  Por eso, en este día en particular, dirigimos nuestra mirada hacia ese niño que nos ha nacido y que lleva por nombre Jesús. Y, ¿qué significa Jesús en medio nuestro sino un renovar la esperanza en un futuro promisorio, reanimar la confianza plena en una vida con sentido? No por nada, este niño es llamado Emmanuel, es decir: Dios con nosotros. Celebrar Navidad es celebrar, en este humilde niño del pesebre, que creemos y confiamos en un Dios presente en nuestra realidad de hombres y mujeres. Un Dios con nosotros, un Dios que nos salva. Navidad es el nacimiento de Jesús, pero, también, es nuestro nacimiento como hijas e hijos de Dios, como personas que queremos mirar lo que nos rodea desde la perspectiva del reino. Un reino colmado de humanidad, un reino donde el amor sea una realidad palpable cada día. Celebrar Navidad, es alegrarnos y gozarnos por el hoy de la salvación que se hace presente en Jesús, pero también, responsabilizarnos y comprometernos con un mañana mucho más pleno y venturoso. En Jesús, Dios transforma nuestra noche en día, la tristeza en alegría, el odio en amor y nuestra desesperanza en una feliz realidad. Al hacerse hermano, Jesús, rompe para siempre la barrera que separa a los hombres y mujeres de Dios, y despedaza las fronteras que separan a los hombres entre sí.  Que podamos nacer hoy, en Navidad, a una nueva vida, una vida libre y comprometida en y con el Señor.  Que así sea. Amén.