miércoles, 3 de junio de 2020

Un paquete de galletas

“Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud…”
2 Timoteo 3,16


“Una chica estaba esperando su vuelo en un gran aeropuerto. Como tenía mucho tiempo decidió comprar un libro y un paquete de galletas, para descansar y leer en alguna sala del aeropuerto. Se acababa de sentar cuando también lo hizo un hombre, dejando un asiento de por medio, que abrió una revista y empezó a leer; quedando entre ellos las galletas. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada; aunque pensó: ¡Qué descarado! Pero la cosa no quedó ahí. Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la iba indignando tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar. Cuando quedaba sólo una galleta, pensó: ¿qué hará ahora? Y entonces el hombre, que pareció adivinarle el pensamiento, dividió la última galleta y dejó una mitad para ella. ¡Ah, no!, aquello ya era demasiado; por lo que cerró su libro, recogió sus cosas y salió hacia el sector de embarque. Una vez en el avión y más calmada, al mirar dentro de su bolso se quedó dura: ¡Allí estaba su paquete de galletas, intacto! ¡Qué vergüenza! Sólo entonces se dio cuenta de su error.” ¡Cuántas veces en nuestras comunidades de fe, o en nuestras propias vidas, malinterpretamos algunos gestos o palabras! Y, ocurre que, al malinterpretarlas solemos cometer errores de los cuales tardíamente nos arrepentimos. La Palabra de Dios se hace presente allí, en esas situaciones, para enseñarnos y educarnos para poder degustar así de las muchas galletas que nos son ofrecidas.  

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