sábado, 13 de junio de 2020

Poniendo en práctica los mandatos del Señor

“La muerte de David se acercaba por momentos, así que David ordenó a su hijo Salomón: Voy a emprender el último viaje, como todo el mundo. Ten valor y pórtate como un hombre. Cumple las ordenanzas del Señor tu Dios, haciendo su voluntad y cumpliendo sus leyes, mandamientos, decretos y mandatos, según están escritos en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.” 1 Reyes 2,1-3


“Un cristiano de la península de Corea visitó a uno de los misioneros que allí estaban, y le dijo que había aprendido el Sermón del Monte y deseaba repetirlo delante de él. Enseguida aquel cristiano repitió, palabra por palabra, sin que le faltara una sola, los tres capítulos que componen el mencionado sermón. Cuando terminó, el misionero dijo a ese cristiano que era necesario poner por obra las enseñanzas del sermón; a lo que aquel creyente replicó: ‘Así lo aprendí: Procuraba yo aprenderlo, todo de una vez, y las palabras se me iban. Entonces aprendí de memoria un versículo, salí en busca de alguno de mis vecinos y en él practique las enseñanzas de ese versículo; y se me quedaron bien las palabras. Entonces procuré aprender de esa manera todo el sermón, y así lo aprendí’.” David ve cercana la hora de su muerte, antes de su partida tiene tiempo para un último gesto. Ha elegido a Salomón como su sucesor, ahora entonces le exhorta mantenerse firme en el cumplimiento de las ordenanzas y mandatos del Señor. También nosotros, como testimonio de nuestra fe, debemos mantenernos firmes en los mandamientos; y, la mejor forma de cumplirlos es poniendo en práctica lo que allí se nos pide. 

viernes, 12 de junio de 2020

Palabra dada, palabra sagrada

“…Juro por el Señor, que me ha librado de toda angustia…”
1 Reyes 1,29


Se cuenta que cierto día, “dos ranas, una optimista y otra pesimista, cayeron al mismo tiempo en dos vasijas que contenían leche. La rana pesimista exclamó: No puedo salir de este cacharro, porque las paredes son muy lisas. No puedo respirar en la leche, voy a asfixiarme, estoy perdida. Y, en efecto, ocurrió que se asfixio y murió. La rana optimista no sabía tampoco qué hacer; pero como era optimista trato de hacer algo y se agito en todos sentidos. Como se estaba moviendo continuamente, batió la leche con tanto vigor que ésta se transformó en manteca. La rana entonces se sentó sobre la manteca y pudo respirar libremente. Esta breve fábula nos prueba que quien posee un carácter optimista hace siempre algo para poder salir de una situación difícil; sigue luchando y confiando en Dios y Él es tan poderoso que es capaz de hacernos ‘más que vencedores’.” El rey David tuvo muchas pruebas y dificultades a lo largo de su vida. Y, ahora, próxima la hora de su muerte da testimonio a favor de ese Dios que lo había conducido hasta allí librando y sosteniéndolo en cada momento de angustia. El testimonio es tan fuerte, que juramenta ante Salomón cumplir ante ese Dios con aquello con lo cual se había comprometido. Muchas veces en nuestras vidas, nos cuesta cumplir con la palabra empeñada. Ante la menor dificultad, rogamos para que el Señor nos asista, prometiendo y comprometiéndonos con esto o aquello. Promesa que es olvidada cuando el mal trance pasa. Ojala podamos mantener nuestras muchas promesas hasta el final tal como lo hizo David.  

jueves, 11 de junio de 2020

Una madre intercede por su hijo

“Betsabé se inclinó ante el rey hasta tocar el suelo con la frente, y el rey le preguntó: ¿Qué te pasa? Ella le respondió: Su Majestad me juró por el Señor su Dios, que mi hijo Salomón reinaría después de Su Majestad, y que subiría al trono.” 1 Reyes 1,16-17


Juan Rulfo, al inicio de su célebre Pedro Páramo, escribe: “Vine…porque me dijeron que acá vivía mi padre… Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. No dejes de ir a visitarlo, me recomendó. …No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro…” Así es el amor de toda madre, pedir, exigir, por aquello que considera lo mejor para sus hijos. La cita bíblica de 1 Reyes que precede este escrito, forma parte de un relato más amplio que nos cuenta la historia de Salomón siendo entronizado rey en Israel, convirtiéndose así en el tercer y último monarca del reino unido. El relato pone de manifiesto la actitud de una madre, Betsabé, que ante la proximidad de la muerte del rey le recuerda a éste la promesa hecha acerca de que su hijo Salomón sería su sucesor. Betsabé se presenta ante el rey como cualquier otro súbdito del reino abogando e intercediendo por el interés que la moviliza. Lo hace con mucha diplomacia, inclinándose y hasta reverenciando a David, demostrándole así su respeto como rey. Como la mayoría de las madres que suelen interceder a favor de sus hijos, la moviliza aquello que considera justo: Su hijo tiene el derecho de ser privilegiado con la elección. Por esto, obra a favor del sentimiento que anida en su corazón. Terca, tozuda, confiada, amorosamente. 

miércoles, 10 de junio de 2020

La caña de bambú

“…pido a Dios que tu participación en la misma fe te lleve a conocer todo el bien que podemos realizar por amor a Cristo.” Filemón 6


“Érase una vez un jardín en cuyo centro había un esbelto bambú que era el más bello y estimado de todos sus árboles. Un día, se aproximó pensativo el jardinero y, con sentimiento de profunda veneración el bambú inclinó su imponente cabeza. Entonces el jardinero le dijo: Querido bambú, necesito de ti. El bambú respondió: Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad. El dueño entonces deshojó, arrancó, partió a trozos la caña de bambú y la vació por dentro. Hecho esto, unió unos trozos con otros y los extendió a lo largo de un árido campo desde una fuente cercana hasta el lugar donde tenía sus cultivos. El dueño acostó cuidadosamente en el suelo a su querido bambú; puso uno de los extremos de la caña en la fuente y el otro extremo en sus campos. Las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo vaciado del bambú. Corrieron sobre los campos resecos que tanto habían suplicado por ellas. Allí se sembró trigo y maíz y también se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembrados brotaron; y todo el árido campo se convirtió en una maravillosa alfombra verde. El majestuoso bambú se transformó así en una gran bendición para toda aquella región. En su despojo, en su entrega, se volvió un canal del cual su Señor se sirvió para hacer fecundas muchas tierras. Y muchos hombres y mujeres encontraron, gracias al bambú, la vida; y fueron felices gracias a ese tallo podado, deshojado, cortado, arrancado, partido y vaciado de sí mismo.”

martes, 9 de junio de 2020

La rosa más bella

“…Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad… por pura misericordia nos salvó… dándonos nueva vida por el Espíritu Santo. …para que… tengamos la esperanza de recibir en herencia la vida eterna.” Tito 3,4-5.7


“En el rosal se abrió una bellísima rosa cuyo dueño insistió en cortar. ¿Qué será de mí?, pensó la rosa. La esposa del dueño del jardín la llevo hasta la iglesia y se la entregó al anciano sacerdote. El sacerdote sonrió mientras decía: ¡Bonita rosa! Es digna de Él. La rosa no alcanzó a entender quién era Él. El sacerdote se encaminó al presbiterio. Subió las gradas del mismo, y junto a la custodia donde estaba Él, colocó la rosa. Esa noche hubo una gran ceremonia litúrgica con mucho incienso. La rosa entonces comprendió que estaba a los pies del Maestro, del Creador que modeló las flores, encendió las estrellas y creó las almas. Pasaron seis días y la rosa sintió que una languidez mortal le invadía hasta el fondo de su ser. Era la rosa más bella, pero también tenía el más bello destino. ¿Qué otro final podría haber soñado para sí misma? Y entregando su amor y su vida, fue deshojando lentamente sus pétalos, uno a uno, a los pies del Supremo, su Creador, su Señor. La vida de todos y cada uno de nosotros en un regalo de Dios. La podemos usar de muchos modos, de todos los modos posibles, el más bello es, cuando dejándolo todo, nos dedicamos a estar siempre en su presencia. Con el paso de los años nos iremos consumiendo y deshojando, hasta el momento en el que Él nos llame para permanecer siempre unidos.”

lunes, 8 de junio de 2020

Las tres monedas de oro

“Pues Dios ha mostrado su bondad, al ofrecer la salvación a toda la humanidad.” Tito 2,11


“Un hombre muy acaudalado anunció que cualquier persona que pasara necesidad acudiera la víspera de la Navidad a su palacio y recibiría ayuda. Llegó el día señalado y multitud de personas acudieron al palacio para recoger su regalo. El hombre les anunció: Cuando entren en la casa, unos sirvientes les acompañarán a una gran habitación. Sobre una mesa encontrarán monedas de oro, y sobre otra, muchas Biblias. Vayan pasando de uno en uno y elijan lo que más necesiten: Una moneda de oro o una Biblia. ¡Sólo pueden tomar una cosa! La gente fue entrando a la habitación, y sin pensarlo dos veces, todos se dirigían a la mesa con el oro. Cuando estaban a punto de cerrar las puertas exteriores del palacio, un pobre hombre entró nervioso a la habitación, miró ambas mesas y sin dudarlo se acercó a la que contenía las Biblias y tomó una de ella. Luego abandonó contento el palacio pensando: Comida siempre podré conseguir, pero una Biblia para conocer más a Jesús, no lo creo. Estaba atravesando las rejas exteriores del palacio cuando desde lejos, el señor de la casa y los sirvientes lo oyeron cantar alabanzas a Dios mientras daba saltos con gozo. Los sirvientes, un tanto extrañados, llamaron la atención del señor: ¡Parece que ha enloquecido! Pobre hombre, ahora tendrá mucho para leer, pero enseguida estará con el estómago vacío. A lo que el hombre les respondió: Ustedes están muy equivocados. Dentro de cada una de las Biblias había puesto tres monedas de oro. Sólo este hombre supo elegir lo que era mejor para su vida.” 

domingo, 7 de junio de 2020

Vayan pues a las naciones

“Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28,19-20


Hace una semana celebramos la fiesta de la iglesia.  Este acontecimiento indica el final de la misión de Jesús y el comienzo de la misión de los apóstoles.  Es en esta perspectiva, que leemos en el Evangelio como Jesús resucitado se aparece por última vez a sus apóstoles y les encomienda dicha misión. La iglesia entonces, se convierte ahora en el vivo testimonio de la obra redentora de Cristo.  Se trata entonces de una misión que compete a todos los discípulos en todo tiempo y lugar. Es Jesús mismo quien nos envía al mundo a ser testigos de su obra.  Es en Él, que Dios anuncia su triunfo por sobre el pecado y la muerte.  Este es el mensaje que como iglesia debemos compartir.  Así como los cristianos reunidos en Pentecostés no eligieron ni el tiempo ni el lugar para vivir su fe, tampoco nosotros elegimos este lugar, este tiempo.  Es en el día a día donde debemos dar testimonio de la presencia de Cristo.  Quienes nos rodean esperan, al igual que aquellos habitantes de Galilea, que el Jesús hecho Cristo se les presente y les cambie la vida.  La diferencia es que hoy la tarea es nuestra.  Aquí somos nosotros quien debemos dejarnos impulsar por el Espíritu para hacer posible la realidad de que en Cristo hay vida plena y salvación eterna.   Aquí, ahora, siempre.